Horizonte filosófico de Fernando González.

Según lo había previsto Kant, en La Crítica de la Razón Pura, la razón, abandonada a sí misma, se pierde en un laberinto insalvable, que de otra parte ella misma teje en contra suya, a partir de sus propias antinomias y contradicciones. Para evitar este insuceso le es menester hacer un alto ante determinadas realidades, imponerse un limite y a la manera del auriga platónico ejercer sobre si un freno y un control. Sólo así puede desempeñar eficazmente su función, no permitiendo asir ilusoriamente y por medio de razonamientos las ideas, conteniéndose de participar en el ámbito de la experiencia, y ejerciendo exclusiva jurisdicción sobre la dimensión de lo práctico.

A pesar de éstas advertencias, la razón traspasó éstas barreras sucumbiendo a la tentación de poseer el sentido de el en sí, ese último reducto de la realidad que Kant había protegido de toda especulación. Experimentando hasta sus últimas consecuencias estos peligros de la razón exorbitada, Fichte, Schelling y Kegel levantaron portentosos y cuasi perfectos sistemas, a los que no escapaba ni el más mínimo detalle de la realidad. Iban acomodándose allí dentro del sistema, como piezas de un rompecabezas, las más distintas porciones del universo, que antes desordenadas e indomables y tras un acto de pura fuerza y rigor racional, eran encajadas dando una maquillada apariencia de unidad. Pero es sobre todo Hegel quien sostiene mayormente ésta actitud, al agotar con su exhaustiva racionalización las posibilidades de encontrar, siquiera un ente, que no hubiese sido suficientemente explicado, incluido e integrado al interior de su sistema. Su máxima según la cual identifica lo racional y lo real, se constituye en una de las afirmaciones más débiles de la historia de la filosofía, junto con el cogito de Descartes propiciando con ella la coyuntura que dará un giro que en adelante habrá de realizar la filosofía.

Explotando la alternativa práctica que para la razón había diseñado Kant, irrumpen diversas corrientes que, a pesar de sus internas diferencias, conforman un frente común, siendo su factor de unión la causa irracionalista que enarbolan. Irracionalismo, voluntarismo, vitalismo, institucionismo, pragmatismo, existencialismo, nacen entonces cono protesta a los sistemas idealistas.

Y fueron quienes tuvieron mas de cerca a Hegel, los que se enfrentaron más encarnizadamente en su contra, latrocinando con su crítica los inicios del nuevo giro filosófico. Schelling en su última etapa, la de la filosofía de la Revelación o filosofía Positiva, acuñaba éste último término, no en el sentido que le dieron Comte y sus epígonos, directa posición a la filosofía negativa cual era según él la del idealismo, dentro de la cual estuvo también él, militando tiempo atrás. Con un contenido altamente religioso, dirige Schelling su filosofía hacia el centro de la experiencia personal, tanto en su facticidad y existencialidad, como en providencia de la experiencia histórica de la revelación.

El voluntarismo de Schopenhauer contribuye con ellos al encontrar en la percepción sensorial del cuerpo, en la sensibilidad corporal del yo, y en contra de la indolencia de la razón el camino conducente hacia la verdadera realidad que es la voluntad, voluntad siempre de vivir. Según él la voluntad subyace en todos los entes, siendo éstos no más que objetivaciones de ella. La voluntad no es racional, ni podría objetivarse en el mundo en una historia lógica y sistemáticamente, pues siendo su esencia un apetito siempre indefinido e insatisfecho, el perfil que marcaba con su impulso, de ninguna manera le permitiría trazar un sentido coherente y teleológico. Su desenvolvimiento es por el contrario ciego e irracional.

Finalmente, dentro de los más próximos al fenómeno idealista y quizá el mas influyente promotor de la protesta, está Kierkegaard, quien asocia a la filosofía a través de la experiencia religiosa y motivado por el sentimiento angustioso de una existencia personal y nunca anónima, enfunda su critica en contra de Hegel, a quien había conocido por intermedio de Schelling. Propone entonces una lucha a muerte entre la vida y la razón, según él realidades absolutamente incompatibles.

A partir de éste cuadro se conforma en la filosofía una nueva vertiente, en cuyos cauces conviven pensamientos dispares, métodos y objetivos diferentes, que sin embargo conservan cierta correspondencia en su repertorio y temática. Allí podemos instalar nombres como Pascal, Nietzsche, James, Bergson, Unamuno, Kirkegaard, Sartre, Jaspers, Marcel, quienes al lado de los antes mencionados completan los puntos de referencia de el ancho horizonte dentro del cual percibimos la figura de Fernando González.

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Publicado por

kleper

Me contradigo pero no soy inconsecuente.

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